En unos pocos días, todos estaremos celebrando una preciosa memoria: el nacimiento de Jesucristo en un humilde pesebre. Todos pensamos con dulzura en ese inocente y afectuoso bebé. Me acuerdo de un cuadro que vi en Grecia, en el cual la Virgen María está mirando a su bebe con lágrimas de dolor. Le pregunté a un monje, “¿Por qué está ella llorando?”. Él respondió, “Porque ella ya sabía cuánto su pequeño bebé tendría que sufrir”; y yo pensé, “No, él no sufrirá. ¡Su cuerpo sufrirá, pero no Él! Él conocerá solo la beatitud. Su dolor no será por sí mismo, sino por nuestro sufrimiento, porque somos ciegos y testarudos, y porque ignoramos todo lo que él realmente representa: la divinidad de nuestro propio ser”.
Hace poco escribí sobre un sueño que tuve, en el cual mis enemigos trataban de quemarme en la hoguera y luego mis amigos me salvaban. Durante el sueño, me mantuve indiferente tanto al hecho de ser quemado como al de ser rescatado. Esto quizás haya parecido extremo para alguno de vosotros, pero tuve ese sueño debido a una práctica que he seguido durante toda mi vida y que creo que el compartirla os pueda servir de ayuda. Por muchos años, he tratado deliberadamente de imaginarme la peor cosa que me pudiera pasar, y luego preguntarme, “¿Podría yo aceptar eso como un regalo de Dios?”
Por ejemplo: ¿la muerte? Yo nunca he temido a la muerte. ¿Pero ser condenado por Dios? ¡Oh, eso sería terrible! Y ese fue el pensamiento que tuve que afrontar en 1962 cuando fui expulsado por SRF. Para mí, eso fue mil veces peor que una muerte física.
Me parecía que mi Gurú y, a través él, Dios, me habían rechazado. Me sentía completamente abandonado, en un universo frío y vacío. Abandonado por razones que yo simplemente no podía comprender. El único pensamiento al cual me aferraba desesperadamente era: “Incluso si tú me abandonas, yo nunca te abandonare”. Fue desde ese momento en adelante que fui capaz de, paso a paso, reconstruir my vida y realizar el trabajo que Dios me había dado.
La Navidad es un tiempo para alegrarse, pero recordemos también que toda alegría en este mundo tiene doble filo. La alegría se alterna constantemente con el sufrimiento. No puede ser de otra manera, porque este mundo fue creado basado en el principio de la dualidad; por cada más debe haber un menos, por cada subida una bajada. Cuando todas las olas se aquietan, entonces nos encontramos en el calmo Océano de la Beatitud de Dios. Nada más es real.
Por lo tanto, incluso en este momento de celebración, os invito a considerar mi pequeña práctica; puede que sea también de gran uso en vuestra vida. Como Jesús dijo: “Necesario es que venga el dolor”. Jesús utilizo la palabra “escándalos,” pero también quiso decir dolor de todo tipo. Como Yogananda lo expresó, el modo de permanecer “firme en medio del colapso de mundos en ruptura,” es imaginar lo peor, incluso ahora mismo, y auto-enseñarse a aceptarlo como una señal del amor de Dios. Él nunca entrega ninguna prueba que no conlleve una bendición al menos igual de grande. Su mensaje final para todos nosotros no es sufrimiento, sino beatitud. Cuando Jesús murió en la cruz, su espíritu no experimentó dolor alguno. Sólo experimentó dicha. Su sufrimiento fue por la ignorancia de la humanidad, la cual siempre rechaza el amor de Dios por un pálido substituto, que al final no da nada más que sufrimiento. Recordad: fuera de Dios no hay ninguna felicidad o satisfacción que dure por mucho tiempo. Cualquier cosa que hagáis en la vida, dejad que el nacimiento de Jesús sea vuestro constante recordatorio para vivir sobre todo por Dios.
Que la Dicha interna de Cristo este siempre en esta estación Navideña.
Con amor en Él,
swami kriyananda







22 diciembre 2011 a las 21:28
Muchas gracias Swami por continuar la grandiosa obra de Paramahansa Yogananda, que nos permite a muchos el beneficio de “REGRESO A CASA”. Gratitud y reconocimiento.
21 diciembre 2011 a las 14:45
Mil gracias swami! Amén! Un abrazo y una sonrisa!